EL AMOR QUE NUNCA MUERE
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EL AMOR QUE NUNCA MUERE

A pesar de las prohibiciones y los intentos por frenar la fiesta, la gente de Racing respondió con lo único que sabe dar: amor incondicional.

POR Bruno Racing

16 mar., 2026 • de lectura

Crónica de Racing Club - Flamengo - Semifinal de Copa Libertadores 2025

Hay noches donde las palabras sobran y solo queda el sentimiento.

Recuerdos recurrentes

Aquella noche recordé una y mil veces otras dos jornadas de Copa. Tenían algunas similitudes por diferentes motivos.
Las dos fueron noches de Copa, las dos eran Semifinales.
La primera, el triunfo contra el mismo Flamengo 1 a 0, en 1992 que nos permitió avanzar a la final de la Supercopa. Recuerdo esa noche con mi abuelo, con la alegría de haber avanzado a la final tras ese gol de Graciani. Del partido recuerdo poco ya que estaba en la tribuna lateral, casi al ras del piso. No solo por la altura de los escalones, sino por mi propia altura. Pero recuerdo mucho la alegría de los dos. Hasta viene a mi memoria el "Paty con pan milonguita" que comí feliz en el viejo Bar de Susy, en el Pasaje Corbatta.

Obviamente recordé la última semifinal de Copa Libertadores con el Sporting Cristal en 1997
Aquella noche fui con mi amigo Pablo, esa noche todo era una fiesta. Desde el recibimiento hasta los 2 goles de Úbeda. Faltando 5 minutos la cabeza de Luis Bonnet impactó tanto en la pelota cómo en nuestros dientes. Parecía un presagio de lo que iba a suceder en la revancha.

Lo que se vivió en la semifinal contra Flamengo no fue un simple recibimiento; fue una demostración de fe de una hinchada que no entiende de imposibles. El Cilindro, envuelto en una fiesta de humo y fuego, le recordó al mundo por qué La Guardia Imperial es el corazón latente de esta institución.

La Número 1 contra todo

A pesar de las prohibiciones y los intentos por frenar la fiesta, la gente de Racing respondió con lo único que sabe dar: amor incondicional. Bengalas y un estruendo ensordecedor bajaron desde los escalones para empujar al equipo. Donde quisieron poner límites, la hinchada puso carnaval. No hubo comunicado que pudiera apagar el calor de un estadio que decidió ser protagonista.

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La mística de Gustavo Costas

Este equipo, conducido por alguien que siente como nosotros, saltó a la cancha bajo un cielo pintado de celeste y blanco. Tras el 0-1 en el Maracaná, la remontada se empezó a jugar mucho antes del pitazo inicial. Es la expresión de una hinchada que estuvo en las malas, que le ganó al "dejó de existir" y que hoy disfruta este presente de copas y vueltas olímpicas.

El tiempo pasaba y ese esperado gol no llegaba. A 5 minutos del final, Vietto la agarró de volea y sacó un disparo que iba directo al gol, Rossi puso la manó y bloqueó la pelota, así cómo el grito de gol de miles de hinchas en la tribuna. El partido se moría y con él la ilusión.

Me es imposible calcular la cantidad de veces que miré al cielo pidiéndole a mi abuelo que "hiciera algo". Yo se que el estaba mirando. Se que me respondía "no puedo, si pudiera lo haría".
Cuando terminó el partido, volví a mirar, triste por el resultado. Pero orgulloso y agradecido de la herencia que me legó. Racing quedó eliminado. Pero, fuera de todo cliché, ese día sentí lo que ya sabía: este amor nunca va a morir.