LA DIRIGENCIA LE DIO LA ESPALDA A LA HISTORIA
Avellaneda • 2 min read

LA DIRIGENCIA LE DIO LA ESPALDA A LA HISTORIA

POR Bruno

13 jun., 2026 • de lectura

La tristeza por la partida del Indio Solari es total, pero en las últimas horas, una profunda indignación empezó a recorrer Avellaneda. Aunque no existe ningún comunicado oficial por parte de la institución, trascendió con fuerza que el presidente de Racing se negó a ceder el Estadio para realizar el velatorio del máximo ícono del rock nacional, una postura que habría sostenido incluso con miembros de la comisión directiva a favor de abrir las puertas del templo. Finalmente, el último adiós no será en el Cilindro, sino en Villa Domínico.

Más allá de los protocolos, lo que duele es la falta de empatía y la enorme miopía institucional. Quienes hoy manejan los destinos del club parecen no entender que Racing es, ante todo, un fenómeno popular y humano. Negarle el espacio al último adiós de un artista que marcó a fuego la identidad cultural de nuestro país —y que tuvo algunas de sus misas más gloriosas en nuestro microestadio y en nuestro césped— es darle la espalda a la historia grande. El Cilindro hubiese sido el marco perfecto para un hecho histórico que iba a quedar grabado para siempre.

Es increíble leer a algunos justificar la negativa bajo la excusa de que "iban a hacer mierda el césped". ¿De qué campo de juego hablan si el estado actual de la cancha y la infraestructura del Cilindro es paupérrimo? Usar el argumento del "cuidado" es una contradicción. En 1998, el club albergó las misas más grandes del rock y el estadio estuvo a la altura. Hoy, la mediocridad prefiere un templo cerrado antes que un hecho que nos hubiera puesto en los ojos de todo el continente.

La doble vara institucional quedó expuesta hace apenas unos días. Para armar un evento corporativo de elite con McDonald's, donde estuvo Diego Milito y se mostraron sonrisas para las marcas, las puertas del club se abrieron de par en par sin dudarlo. Y aunque es cierto que aquel evento no fue dentro del campo de juego, la puesta en escena marca una diferencia enorme de prioridades. Muestra un modelo de club que parece mirar más hacia las corporaciones que hacia sus propias raíces. Por más que a muchos sectores les incomode, Racing es un club con bases fuertemente populares en su ADN, no un club de elite exclusivo para eventos empresariales.

Hablo desde un lugar completamente parcial por el profundo sentimiento y fanatismo que me une a su obra. Pero incluso apartando la emoción personal, es indiscutible que estamos ante un acontecimiento de una relevancia histórica absoluta. Si se tratara de cualquier otro ícono popular de la Argentina, ajeno a mis gustos musicales, la postura sería la misma: los clubes grandes existen para cobijar la cultura de su pueblo.

Esto no es una cuestión de banderas políticas ni de internas dirigenciales; es la simple e inevitable reacción de ver cómo un club nacido de la pasión popular le da la espalda de forma fría a su propia identidad. A Racing lo hace grande su mística y su historia, no el silencio de los escritorios.

Que la tierra te sea leve, Indio. La historia te abraza, aunque algunos no la entiendan.