Del "Salto de Calidad" al Tercer Subsuelo
News Avellaneda • 4 min read

Del "Salto de Calidad" al Tercer Subsuelo

POR Bruno

13 jun., 2026 • de lectura

La eliminación histórica ante Caracas en el Cilindro no es un accidente deportivo. Es la consecuencia directa de un relato de campaña que se desmoronó en 15 meses. El vaciamiento de un plantel, la incapacidad de la Secretaría Técnica y la gran pregunta que se hace el hincha: ¿Dónde están los millones de las ventas?

Por Sello Racing

El fútbol tiene la crueldad de desnudar las mentiras institucionales en noventa minutos. Lo vivido en el Estadio Presidente Perón no fue solo un empate insólito 2-2 ante Caracas que decretó la eliminación de Racing en la primera ronda de la Copa Sudamericana. Fue, en realidad, el colapso definitivo de un relato. Hace exactamente 15 meses, Racing Club tocaba el cielo con las manos consagrándose campeón de la Copa Sudamericana. Hoy, el club quedó eliminado en la quinta fecha de la fase de grupos del mismo torneo, ante el rival más débil de la zona y en su propia casa. El caos, la apatía futbolística y el clima de hostilidad institucional que hoy envuelven a Avellaneda son postales que no se veían desde hacía muchos años. Racing dio un preocupante salto, pero no el que prometieron: dio un salto al vacío.

El blanco fácil: La "verdad inocente" (o malintencionada) contra Costas

A partir de ahora, el coro de la comodidad intentará apuntar todos los cañones contra Gustavo Costas para usarlo como el perfecto fusible de esta crisis. Dirán que este plantel, por más devaluado que esté, era "suficiente" para ganarle al Caracas en Avellaneda. Y sí, es verdad, Racing debió ganarle al conjunto venezolano. Pero quedarse únicamente con ese análisis es una lectura "inocente" o directamente "malintencionada".

El foco del debate no debe ser si este grupo de jugadores tenía el nivel para superar la fase de grupos; el análisis real y estructural es que este no es un plantel armado para salir campeón. A Costas le desmantelaron el equipo y le entregaron una estructura repleta de parches.

Hagamos memoria de corto plazo: cuando a Gustavo Costas le dejaron armar su plantel y elegir a los jugadores que él quería, salió campeón. El año pasado, con herramientas que tampoco eran de sobra para pelear arriba, consiguió el milagro absoluto de meter al equipo en las semifinales de la Copa Libertadores y en una final de torneo local.

¿Hizo menos de lo que se podía con este plantel actual en este semestre? Puede ser, es una discusión válida. Pero también es una verdad incontrastable que el año anterior hizo muchísimo más de lo que la lógica dictaba. Exigirle milagros constantes a un director técnico mientras la Secretaría Técnica se encarga de debilitar al equipo mercado tras mercado es, además de injusto, una canallada política.

La paradoja de los eslogans vacíos

Durante la campaña electoral que los llevó al poder, el actual oficialismo pregonó de manera sistemática la necesidad de un "salto de calidad". El caballito de batalla de su plataforma discursiva era claro: “La Copa Sudamericana obtenida tiene que ser el piso de Racing, no el techo”.

A la luz de los hechos, el socio y el hincha sienten hoy la frustración de lo que podría sentirse cómo una estafa política. Se utilizaron frases hechas y eslogans vacíos para convencer al electorado de que estaban profundamente capacitados para dirigir los destinos del club, pero la gestión real demostró todo lo contrario. Si ser campeón continental era el piso, ¿dónde estamos parados hoy? ¿En el tercer subsuelo?

La farsa de la profesionalización: El vaciamiento del plantel

Otro de los grandes estandartes de la campaña fue la "profesionalización de las áreas". Sin embargo, la Secretaría Técnica liderada por Sebastián Saja y Javier Wainer ha demostrado una alarmante incapacidad para estar a la altura de las necesidades de la institución. Si el concepto de profesionalizar fuera real, ambos deberían ser cesanteados de inmediato tras encadenar tres mercados de pases destructivos.

El balance de los últimos 15 meses es devastador y evidencia una perdida feroz del patrimonio futbolístico del club:

El éxodo de jerarquía (Los que se fueron)

La lista de futbolistas titulares e indispensables que dejaron el club en este período es gigante: Roger Martínez, Maximiliano Salas, Juan Fernando Quintero, Johan Carbonero, Juan Nardoni , Agustín Almendra, Gabriel Arias, Facundo Mura, entre otros. Muchos de ellos eran la columna vertebral del Racing campeón.

Los parches y las apuestas (Los que llegaron)

Para reemplazar esa jerarquía, la Secretaría Técnica incorporó futbolistas con rendimientos bajísimos, sin ritmo o con severas complicaciones físicas: Matko Miljevic, Tomás Conechny, Duván Vergara, Franco Pardo, Marcos Rojo junto a los lesionados Valentín Carboni, Damián Pizarro, Ignacio Rodriguez, Torres y la lista sigue. También se sumó el paraguayo Richard Sánchez, quien pasó sin pena ni gloria y ya dejó la institución.

A este panorama se suma que jugadores como Bruno Zuculini o Solari —quienes eran alternativas o suplentes en la estructura campeona— hoy se ven obligados a cargar con la titularidad absoluta ante la nula gestión de refuerzos de peso.

La pregunta del millón: ¿Dónde está la plata?

Aquí es donde el relato oficial se rompe por completo. El argumento de que "no hay plata para refuerzos de jerarquía" choca de frente con la realidad financiera del club.

En estos 15 meses, Racing percibió ingresos multimillonarios por las ventas de figuras de la talla de Juan Nardoni, Maximiliano Salas, Almendra, Johan Carbonero.

¿Cómo se explica que un club que vendió por decenas de millones de dólares hoy no tenga presupuesto para cubrir puestos urgentes y elementales, como un lateral izquierdo de recambio para Gabriel Rojas? Mientras la comisión fiscalizadora exige revisar los contratos y los balances, la opacidad de la gestión genera más dudas que certezas. El hincha tiene derecho a saber: ¿A dónde fue a parar el dinero de las ventas?

Una respuesta podría ser lo caro que se pagaron algunos jugadores.

Un futuro bajo la lupa

Racing se está desangrando económicamente en el mercado de pases —con decisiones insólitas como blindar a Adrián Martínez con una cláusula estratosférica de 122 millones de euros para luego perder a su socio ideal, Maximiliano Salas— mientras la masa societaria exige explicaciones sobre el destino de los millones ingresados por las últimas ventas.

El final de este proceso era cantado. Nadie puede pretender ser campeón o competir seriamente a nivel internacional desmantelando un plantel campeón para reemplazarlo con parches y apuestas fallidas.

El oficialismo debe terminar con las ruedas de prensa unilaterales y los comunicados vacíos de redes sociales. Diego Milito tiene que convocar a una conferencia de prensa abierta, admitir preguntas de todos los medios y hacerse cargo de que el traje de presidente le está quedando gigante. El receso de mediados de año debe ser el momento para dar un giro de 180 grados, abrir los números y demostrar si realmente están capacitados para manejar a Racing, porque la paciencia del pueblo académico se está agotando.