POR Bruno
04 may., 2026 • de lectura
Racing se plantó en Alberdi, bancó la parada ante el puntero y se trae tres puntos de oro que valen mucho más que una victoria.
Con la mística de "Sanbeses" y el pizarrón de Costas, La Acadé demostró que el escudo está por encima de cualquier nombre. La parada era brava, no vamos a mentir. Belgrano venía dulce, puntero y sacando pecho como uno de los mejores del campeonato. Encima, Racing llegaba diezmado: sin piezas fundamentales y, sobre todo, sin Maravilla Martínez, a quien prefirieron preservar por ese dichoso esguince de tobillo que lo tiene a maltraer.
Ante un plantel corto —donde quedó demostrado una vez más que faltaron refuerzos—, Gustavo Costas hizo magia. El DT sorprendió con un 4-2-3-1 táctico: Martirena de extremo volante por derecha, Solari haciendo el trabajo sucio de 9 y Conechny por izquierda. Un esquema para morder en todos lados y salir rápido.
Una "cachetada" de jerarquía
El partido arrancó con el dominio lógico del Pirata, que merodeaba el área de Cambeses. Pero Racing tiene ese "Sello" que aparece cuando menos te lo esperás. A los 30 minutos, la Academia sacó a pasear la pelota: veinte toques seguidos. Rojo salió limpio del fondo, rompió líneas para Rojas, y Conechny metió una diagonal bárbara. El centro atrás fue una delicia y Toto Fernández hizo el resto: le pegó de tres dedos, de "cachetada", al segundo palo. Palo y adentro. Golazo. En el primer tiro al arco, Racing ponía el 1-0 con puro fútbol champagne.
Apareció "SANBESES" y la profecía de Duván
Cerca del cierre del primer tiempo, la polémica. Mano de Solari en el área; sin intención, es cierto, pero desviando la trayectoria. Penal para Belgrano. Pateó Uvita Fernández y ahí, en el arco de Alberdi, nació la leyenda de SANBESES. Facundo se tiró a su derecha —como luego contaría que le predijo Duván Vergara, quien le aseguró haber "hablado con Dios"— y con los pies le ahogó el grito al delantero cordobés. El penal fue débil, pero la presencia de Cambeses fue gigante. Nos fuimos al descanso arriba.
Reacción de equipo grande
En el complemento, un error en la salida de Rojo (la tiró al medio, donde no se tira nunca) le permitió a Zelarayán capturar un rebote y mandarla a guardar desde afuera del área. 1-1 y a remarla de nuevo. Pero este Racing tiene temple. Quince minutos después, Rojas ejecutó un tiro libre quirúrgico desde la izquierda al segundo palo. Sosa la bajó de cabeza al corazón del área y, cumpliendo la ley de los "dos cabezazos son gol", apareció Marco Di Cesare para inflar la red y poner el 2-1 definitivo. A partir de ahí, la Academia se cerró, retrocedió unos metros y aguantó los trapos. Fue el momento de Cambeses otra vez, tapando dos pelotas increíbles que tenían destino de empate.
Ganó Racing. Ganó la identidad. Ganó el grupo. Nos llevamos de Córdoba tres puntazos que alimentan la ilusión y ratifican que, con este compromiso, el equipo de Costas está para pelearle a cualquiera.
Sello Racing: Primero el escudo, después lo demás.